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domingo, 25 de diciembre de 2016

Bonsai vs penjing



Durante años ha existido cierto misterio alrededor de los árboles cultivados en miniatura. Es comprensible: un fragmento de naturaleza contenido en un espacio reducido provoca admiración, curiosidad y, en ocasiones, una extraña sensación de familiaridad.

Su cultivo, sus formas, sus colores y, en un plano más artístico, la relación entre el árbol y la maceta, convierten estas obras vivas en algo difícil de clasificar. No son únicamente plantas ornamentales ni simples reproducciones de árboles de gran tamaño. En ellas intervienen el tiempo, la técnica, la observación de la naturaleza y la sensibilidad de quien las cultiva.

Sin embargo, no todo árbol pequeño plantado en un recipiente puede considerarse bonsái. El bonsái necesita estar vivo, cultivado de manera prolongada y trabajado con una intención estética. La maceta tampoco es un elemento secundario: forma parte de la composición y debe mantener con el árbol una relación de proporción, equilibrio y carácter.

A menudo se ha relacionado el bonsái con la estética zen. Esta influencia es indudable, especialmente en la importancia concedida al vacío, la sobriedad, la asimetría, la naturalidad y la sugerencia. Pero quizá sería más exacto decir que el bonsái japonés reúne diversas corrientes de la cultura de Japón, entre ellas el budismo zen, el sintoísmo, la ceremonia del té y una profunda sensibilidad hacia el paso del tiempo y las transformaciones de la naturaleza.

El penjing chino comparte con el bonsái una raíz histórica común, pero desarrolló caminos artísticos propios. No debe entenderse como una forma menos serena, menos cultivada o menos refinada, sino como otra manera de representar la naturaleza.

Mientras que el bonsái japonés suele concentrar la atención en un árbol individual y en su relación con la maceta, el penjing puede construir paisajes completos mediante árboles, rocas, agua, figuras, edificaciones u otros elementos. Su intención no es solamente representar un árbol, sino evocar un territorio, una historia o una atmósfera.
En muchas composiciones chinas, el espectador es invitado a entrar imaginariamente en la escena. Un sendero, una pequeña figura o una montaña lejana pueden sugerir un viaje, una leyenda o un lugar apartado. La obra adquiere así una dimensión narrativa y poética.
El bonsái japonés tiende, por lo general, hacia una mayor concentración de elementos. El árbol, la maceta, el espacio vacío y, cuando se presenta en exposición, algún acompañamiento discreto, son suficientes para construir una imagen completa. No se trata de representar todo un paisaje, sino de sugerirlo mediante una presencia esencial.

También existen diferencias en la forma de clasificar las obras. Los estilos japoneses suelen describir la estructura o el movimiento del árbol: vertical formal, vertical informal, inclinado, cascada, azotado por el viento o literati, entre otros. En el penjing, además de las formas de los árboles, existen escuelas regionales vinculadas a distintos territorios y tradiciones de China, cada una con sus propios recursos técnicos y expresivos.
No obstante, estas diferencias nunca deben considerarse fronteras absolutas. Hay penjing de una gran sobriedad y bonsáis japoneses de enorme dramatismo. También existen composiciones que mezclan árboles, rocas y paisajes en ambas tradiciones.

Más que oponer una cultura a otra, podríamos decir que el penjing y el bonsái representan dos maneras complementarias de aproximarse a la naturaleza.
El penjing puede desplegar ante nosotros un paisaje en el que parece posible adentrarse. El bonsái puede condensar ese mismo paisaje en la presencia silenciosa de un solo árbol.

Uno nos invita con frecuencia a recorrer una escena. El otro, a detenernos ante ella.

Ambos nacen del cultivo, de la imaginación y del deseo humano de mantener un diálogo con la naturaleza




viernes, 23 de diciembre de 2016

Chado El camino del te -Diciembre-

"La escena invernal es... oscurece día a día. Incluso en un buen día la luz es tenue  y débil. A veces desde el cielo gris encapotado o muy oscuro llovizna el shigure. Desde los arboles muchas de sus hojas caen y el viento del norte continua con su hululeo, agitando las desnudas ramas.

Sin embargo, los niños desafían el viento , otros jóvenes va a trabajar  a la ciudad a negociar el último mes del año. Para las personas que se resguardan en casa el fogón es sugerente y atractivo.

Un digno kakemono en la alcoba y una flor pueden ser misteriosos; la tetera usada a diario emite incesantes y humeantes sonidos. Los chawanes Coreanos transmiten su calidez a las manos cariñosas cuando la necesitan. Es el principio de una placida y deleitosa hibernación en la casa del te..."

        Chasu (Escenas del mes) Diciembre           Sasaki sanmi
   

 
Foto. Tabata Minao